Mi camino con Dios
Desde que tenía 11 años, mi mamá ha sido una figura clave en mi vida espiritual. Ella nos ha llevado a mi y a mis hermanos a la iglesia desde entonces, y fue en esos primeros años cuando comencé a comprender la importancia de tener una relación con Dios. Al principio, asistir a la iglesia era simplemente una rutina, algo que hacíamos porque era parte de nuestra vida familiar. Sin embargo, a medida que fui creciendo, empecé a sentir que había algo más profundo, algo que iba más allá de las palabras que escuchaba en los sermones o las canciones que cantábamos.
Con el tiempo, mi fe comenzó a tomar forma de una manera más personal. No se trataba solo de creer en algo porque me lo habían enseñado, sino de experimentar realmente la presencia de Dios en mi vida. Recuerdo momentos específicos en los que sentí que Él estaba conmigo de una manera tan tangible que no podía negarlo. Esos momentos fueron fundamentales para construir la base de la relación que tengo con Dios hoy en día.
A lo largo de los años, he aprendido que Dios siempre está presente, tanto en los buenos como en los malos momentos. Hay días en los que me siento feliz, en paz, y sé que es porque Él está conmigo, dándome fuerzas y guiándome por el camino correcto. Pero también ha habido días oscuros, momentos en los que he sentido que todo se desmoronaba a mi alrededor. Y aun en esos tiempos difíciles, Dios ha estado ahí, entendiendo mis miedos, mis dudas, y mis tristezas, de una manera que nadie más podría.
Sin Dios, no sería la persona que soy hoy. Todo lo bueno que tengo en mi vida, sé que es gracias a Él. Desde las bendiciones más pequeñas hasta los logros más grandes, cada cosa la veo como un regalo de Su amor y misericordia. Estoy profundamente agradecida por eso, porque sé que no he hecho nada por merecerlo, pero aun así, Él ha decidido bendecirme de maneras que nunca imaginé.
Sin embargo, no todo ha sido un camino fácil. Ha habido momentos en los que he querido alejarme, en los que he pensado que podría vivir mi vida por mi cuenta, sin necesitar de Su guía. Pero cada vez que he intentado tomar mi propio camino, Dios no lo ha permitido. Siempre encuentra la manera de traerme de vuelta, de recordarme que sin Él estoy perdida. Es como si tuviera una cuerda invisible que me mantiene atada a Él, y aunque a veces trato de desatarme, siempre termina llevándome de nuevo a Su lado.
Una de las formas en las que más siento la presencia de Dios es a través de la alabanza. Desde que descubrí que tenía el don de cantar, supe que quería usarlo para glorificar a Dios. Cuando canto, no es solo por el placer de hacerlo, sino porque siento que es mi manera de agradecerle por todo lo que ha hecho por mí. La música es un puente que me conecta con Él de una manera especial. A través de las canciones, puedo expresar lo que siento en lo más profundo de mi corazón, y es en esos momentos cuando más cerca me siento de Dios.

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